Una sonrisa en Navidad -el retail y la sonrisa-
Probablemente porque he trabajado en tienda y pasé dos campañas navideñas disfrutando y sufriendo la fiebre consumista típica de esas fechas, me ha gustado especialmente la siguiente anécdota que leí anoche.
Era campaña de navidad del primer tercio del siglo XX y unos grandes almacenes de Nueva York conscientes del stress al que se veían sometidos sus trabajadores editó el siguiente texto junto con su publicidad:
Una sonrisa en Navidad
No cuesta nada, pero crea mucho.
Enriquece a quienes reciben, sin empobrecer a quienes dan.
Ocurre en un abrir y cerrar de ojos, y su recuerdo dura a veces para siempre.
Nadie es tan rico que pueda pasarse sin ella, y nadie tan pobre que no pueda enriquecer por sus beneficios.
Crea la felicidad en el hogar, alimenta la buena voluntad en los negocios y es la contraseña de los amigos.
Es descanso para los fatigados, luz para los decepcionados, un rayo de sol para los tristes, y el mejor antídoto contra las preocupaciones.
Pero no puede ser comprada, perdida, prestada o robada, porque es algo que no rinde beneficio a nadie a menos que sea brindada espontáneamente y gratuitamente.
Y si durante las aglomeraciones y prisas de último momento de las compras de Navidad alguno de nuestros vendedores está demasiado cansado para darle una sonrisa, ¿Podemos pedirle que nos deje usted una sonrisa suya?
Porque nadie necesita tanto una sonrisa como aquel a quien no le queda ninguna que dar.
Un saludo!
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