Cuenzo zen: rutina

Zen Garden cortesía de euart
Mientras busco un plugin para mejorar el editor de la nueva versión de wordpress (el anterior que tenía instalado parece que no es compatible) os dejo con el cuento zen de los martes. Llevo ya un rato buscando y no encuentro nada que me sirva para dar formato a los artículos… quizá debería de aplicarme el cuento de hoy.
Cuento zen: Rutina
Había una vez un hombre muy pobre que vivía a la entrada de un profundo bosque. Apenas tenía para vivir y siempre se estaba quejando de su suerte miserable.
Una noche, cuando se disponía a cenar, alguien llamó a la puerta de su casa. Era un monje errante que le pidió alojamiento por esa noche. El hombre le acogió amablemente, compartió con él su humilde cena y luego le cedió su propia cama para que pasara la noche.
A la mañana siguiente, antes de partir, el monje le dijo:
— Has sido amable y hospitalario conmigo, por eso, en agradecimiento, te voy a confiar un tesoro. Delante mismo de la puerta de tu casa, ahí, en ese espeso bosque, vive un animal fabuloso que se llama Satori. Su vida transcurre en la copa de los árboles, allí come y duerme. El que consiga cazarlo no tendrá que preocuparse nunca más por nada; podrá conseguir todo lo que desee y vivirá en paz el resto de su vida.
El hombre se puso muy contento, y cuando el monje partió, fue al pueblo, compró un hacha e inmediatamente se puso a talar árboles.
“Con un poco de suerte -pensaba- lo sorprendo mientras duerme y antes de que se dé cuenta lo habré cazado”.
Pero el animal Satori era muy sabio y muy viejo, y además poseía la facultad de leer el pensamiento; por eso, cada vez que el hombre se acercaba al árbol donde él estaba, captando sus intenciones, se trasladaba a otro árbol cualquiera.
Así pasó el tiempo. Cada vez que el hombre se acercaba, el animal Satori se cambiaba de árbol. El hombre había talado ya muchos árboles, y aprovechaba la madera para venderla como leña en el pueblo.
Así sus problemas económicos se habían solucionado. Llegó el día en que ni siquiera pensaba en el animal. Cortaba un árbol, recogía la madera y se iba. El animal Satori también había dejado de temerle. No captaba en él ningún pensamiento amenazador.
Una mañana, estaba el hombre como de costumbre cortando un árbol, cuando el animal Satori cayó a sus pies. Estaba durmiendo en la copa del árbol y no había podido detectar en la mente del hombre ni un solo pensamiento que le avisara de su presencia.
Un saludo!
(Visto en: Diario vasco)











Hola Pedro,
hay veces que uno persigue algo y descubre que el camino es lo divertido no la meta. Sin embargo en parte discrepo con el cuento,si buscas algo concentrate en lograrlo, aunque a lo mejor en lugar de buscar un “animal” que solucione todos los problemas habría que buscar algo más próximo. No se, reflexiono en alto y me alegro de volver a pasarme por aquí y ver que sigues escribiendo.
Un saludo.
Hola Óscar,
Yo también me alegro de verte por aquí. El cuento tiene cierto paralelismo con el mensaje de la Odisea de Homero.
Un saludo!
[...] visto en http://guiadegerencia.com/cuenzo-zen-rutina/ [...]
muy buenos los cuentos
tienen una pasividad que se transmite.
saludos.