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	<title>Comments on: Cuento zen: El destino</title>
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	<description>Compra tus libros de economía y empresa en internet</description>
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		<title>By: Pilar Jericó &#187; Blog Archive &#187; Cuento zen y lo que somos</title>
		<link>http://guiadegerencia.com/cuento-zen-el-destino/comment-page-1/#comment-8446</link>
		<dc:creator>Pilar Jericó &#187; Blog Archive &#187; Cuento zen y lo que somos</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Jan 2011 18:55:18 +0000</pubDate>
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		<description>[...] tonto de personas inteligentes &#187;12marCuento zen y lo que somosMe ha gustado la iniciativa de Pedro Robledo de recoger cuentos zen. Ha comenzado con el cuento llamado Destino, el cual trascribo:Durante una [...]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[...] tonto de personas inteligentes &raquo;12marCuento zen y lo que somosMe ha gustado la iniciativa de Pedro Robledo de recoger cuentos zen. Ha comenzado con el cuento llamado Destino, el cual trascribo:Durante una [...]</p>
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		<title>By: julia</title>
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		<dc:creator>julia</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 21 Apr 2010 00:27:09 +0000</pubDate>
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		<description>O,O           XD          XP           XO         
GENIAL</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>O,O           XD          XP           XO<br />
GENIAL</p>
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		<title>By: Nurse handjob.</title>
		<link>http://guiadegerencia.com/cuento-zen-el-destino/comment-page-1/#comment-4972</link>
		<dc:creator>Nurse handjob.</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Jul 2009 01:04:43 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;How to give a handjob....&lt;/strong&gt;

Handjob. Free handjob movies....</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>How to give a handjob&#8230;.</strong></p>
<p>Handjob. Free handjob movies&#8230;.</p>
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		<title>By: Elena</title>
		<link>http://guiadegerencia.com/cuento-zen-el-destino/comment-page-1/#comment-1793</link>
		<dc:creator>Elena</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Dec 2008 04:29:42 +0000</pubDate>
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		<description>Asombroso</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Asombroso</p>
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		<title>By: Luciano</title>
		<link>http://guiadegerencia.com/cuento-zen-el-destino/comment-page-1/#comment-1309</link>
		<dc:creator>Luciano</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Oct 2008 14:47:23 +0000</pubDate>
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		<description>Chiyono era una mujer bella.
Aunque en su interior atesoraba el amor más puro y hermoso, la mayoría de los hombres que se acercaron a su vida buscaban disfrutar del deseo que les despertaba la perfección de su cuerpo.
Y Chiyono descubrió que no había hombre que pudiera corresponder a su amor; que el único amante que podía ver lo que los ojos velaban era el amor divino. Y vagó de monasterio en monasterio, y en todos recibió la misma negativa. Su belleza sólo podría alterar la tranquilidad de los monjes, y hasta era posible que consiguiera con su sola presencia que más de uno abandonara la austeridad y el silencio.
Chiyono, cansada de ser valorada sólo por su aspecto, deformó su cuerpo sometiéndolo a dolorosas quemaduras. Su rostro, de piel aterciopelada y blanco perla, era ahora carne viva y purulenta. Tras recuperarse de sus heridas, decidió volver a visitar los monasterios que antes le habían cerrado sus puertas.
Al ver su aspecto y conocer el porqué de su estado, los monjes aceptaron respetuosamente su presencia y valoraron su deseo de volcar su vida al despertar divino.
Cuando pudo por fin dedicarse a lo que quería, estuvo años -década tras década- realizando las mismas rutinas, pacientemente, intentando mantenerse alerta a las indicaciones de los maestros y a sus propias experiencias. Su vida era bien sencilla; pero había aprendido que no eran las actividades en sí las que daban plenitud y sentido a la vida, sino la actitud con que éstas se realizaban.
De sus maestros había aprendido también a observarse al caminar… al fregar el suelo… al preparar la comida… al meditar sentada frente a un muro carente de objetos… Observaba su aburrimiento, su tristeza, su ira, su sueño… y sabía que en la realidad iluminada nada de esto era de ella… Si se aburría, se decía: “el aburrimiento está pasando por mí”… Si reaccionaba con ira, no la reprimía ni justificaba; se observaba y se decía: “la ira está pasando por mí”.
Y así estuvo años y más años, intentando ir más allá de la aparente repetición de la rutina, para descubrir la cualidad de frescura y espontaneidad que tenía, no lo acción en sí (fuera o no fuera nueva), sino la vivencia constante en el eterno presente.
Una noche, realizando una de las tareas propias de su rutina, fue a buscar agua a un pozo cercano. Tras llenar el destartalado cubo, se dispuso a llevarlo con calma y cuidado para no perder parte de su preciado contenido durante el camino. La noche, de nubes y claros, estaba tenuemente iluminaba por el resplandor de una hermosa luna llena. Chiyono alternaba su vista en el suelo, la Luna y el reflejo oscilante de ésta en el agua del balde.
De repente, mientras observaba el reflejo de la luna en el agua, tropezó, cediendo las asas y rompiéndose al impactar contra el suelo.
Durante unos instantes, la monja Chiyono permaneció inmóvil, observando los restos del cubo y cómo el agua se filtraba poco a poco en las porosidades del suelo… Luego, miró directamente a la luna… Y en ese sencillo percance, tras años de esfuerzo, paciencia y tenacidad, Chiyono se iluminó.
Rememorando lo que sintió en ese instante, escribió:
De un modo y otro traté de mantener el cubo íntegro, esperando que el débil bambú nunca se rompiera. De repente, el fondo se cayó. No más agua; no más reflejo de la luna en el agua: vaciedad en mi mano.

algun comentario ?...
Muchas gracias</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Chiyono era una mujer bella.<br />
Aunque en su interior atesoraba el amor más puro y hermoso, la mayoría de los hombres que se acercaron a su vida buscaban disfrutar del deseo que les despertaba la perfección de su cuerpo.<br />
Y Chiyono descubrió que no había hombre que pudiera corresponder a su amor; que el único amante que podía ver lo que los ojos velaban era el amor divino. Y vagó de monasterio en monasterio, y en todos recibió la misma negativa. Su belleza sólo podría alterar la tranquilidad de los monjes, y hasta era posible que consiguiera con su sola presencia que más de uno abandonara la austeridad y el silencio.<br />
Chiyono, cansada de ser valorada sólo por su aspecto, deformó su cuerpo sometiéndolo a dolorosas quemaduras. Su rostro, de piel aterciopelada y blanco perla, era ahora carne viva y purulenta. Tras recuperarse de sus heridas, decidió volver a visitar los monasterios que antes le habían cerrado sus puertas.<br />
Al ver su aspecto y conocer el porqué de su estado, los monjes aceptaron respetuosamente su presencia y valoraron su deseo de volcar su vida al despertar divino.<br />
Cuando pudo por fin dedicarse a lo que quería, estuvo años -década tras década- realizando las mismas rutinas, pacientemente, intentando mantenerse alerta a las indicaciones de los maestros y a sus propias experiencias. Su vida era bien sencilla; pero había aprendido que no eran las actividades en sí las que daban plenitud y sentido a la vida, sino la actitud con que éstas se realizaban.<br />
De sus maestros había aprendido también a observarse al caminar… al fregar el suelo… al preparar la comida… al meditar sentada frente a un muro carente de objetos… Observaba su aburrimiento, su tristeza, su ira, su sueño… y sabía que en la realidad iluminada nada de esto era de ella… Si se aburría, se decía: “el aburrimiento está pasando por mí”… Si reaccionaba con ira, no la reprimía ni justificaba; se observaba y se decía: “la ira está pasando por mí”.<br />
Y así estuvo años y más años, intentando ir más allá de la aparente repetición de la rutina, para descubrir la cualidad de frescura y espontaneidad que tenía, no lo acción en sí (fuera o no fuera nueva), sino la vivencia constante en el eterno presente.<br />
Una noche, realizando una de las tareas propias de su rutina, fue a buscar agua a un pozo cercano. Tras llenar el destartalado cubo, se dispuso a llevarlo con calma y cuidado para no perder parte de su preciado contenido durante el camino. La noche, de nubes y claros, estaba tenuemente iluminaba por el resplandor de una hermosa luna llena. Chiyono alternaba su vista en el suelo, la Luna y el reflejo oscilante de ésta en el agua del balde.<br />
De repente, mientras observaba el reflejo de la luna en el agua, tropezó, cediendo las asas y rompiéndose al impactar contra el suelo.<br />
Durante unos instantes, la monja Chiyono permaneció inmóvil, observando los restos del cubo y cómo el agua se filtraba poco a poco en las porosidades del suelo… Luego, miró directamente a la luna… Y en ese sencillo percance, tras años de esfuerzo, paciencia y tenacidad, Chiyono se iluminó.<br />
Rememorando lo que sintió en ese instante, escribió:<br />
De un modo y otro traté de mantener el cubo íntegro, esperando que el débil bambú nunca se rompiera. De repente, el fondo se cayó. No más agua; no más reflejo de la luna en el agua: vaciedad en mi mano.</p>
<p>algun comentario ?&#8230;<br />
Muchas gracias</p>
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		<title>By: Pilar Jericó &#187; Cuento zen y lo que somos</title>
		<link>http://guiadegerencia.com/cuento-zen-el-destino/comment-page-1/#comment-55</link>
		<dc:creator>Pilar Jericó &#187; Cuento zen y lo que somos</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Mar 2008 14:22:24 +0000</pubDate>
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		<description>[...] ha gustado la iniciativa de Pedro Robledo de recoger cuentos zen. Ha comenzado con el cuento llamado Destino, el cual [...]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[...] ha gustado la iniciativa de Pedro Robledo de recoger cuentos zen. Ha comenzado con el cuento llamado Destino, el cual [...]</p>
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		<title>By: Pedro Robledo (#3)</title>
		<link>http://guiadegerencia.com/cuento-zen-el-destino/comment-page-1/#comment-54</link>
		<dc:creator>Pedro Robledo (#3)</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Mar 2008 10:13:14 +0000</pubDate>
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		<description>Muchas gracias Pilar,

Precisamente el libro al que hago referencia es tuyo :-) pero no desvelemos el título hasta dentro de unos días que publique el resumen. Justo ayer estaba leyendo esta misma idea de Sun Tzu que expones en las primeras páginas.

Un saludo!</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas gracias Pilar,</p>
<p>Precisamente el libro al que hago referencia es tuyo <img src='http://guiadegerencia.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':-)' class='wp-smiley' />  pero no desvelemos el título hasta dentro de unos días que publique el resumen. Justo ayer estaba leyendo esta misma idea de Sun Tzu que expones en las primeras páginas.</p>
<p>Un saludo!</p>
]]></content:encoded>
	</item>
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		<title>By: Pilar Jericó</title>
		<link>http://guiadegerencia.com/cuento-zen-el-destino/comment-page-1/#comment-51</link>
		<dc:creator>Pilar Jericó</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Mar 2008 09:19:15 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://guiadegerencia.com/cuento-zen-el-destino/#comment-51</guid>
		<description>Una gran iniciativa, Pedro. Creo que los cuentos zen son auténtica sabiduría.
Me ha gustado mucho éste: De alguna manera recoge la idea de Sun Tzu, el autor del Arte de la Guerra: &quot;El vencedor antes de la batalla ha ganado&quot;. La predisposición con la que vamos determina en parte el resultado final. 
Lo que también me resulta interesante es que a veces necesitemos ayuda divina/destino o lo que sea para sentirnos más seguros. Creo que el mundo de las religiones o el estorismo dan ese soporte. Lástima que ese soporte no sea en uno mismo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Una gran iniciativa, Pedro. Creo que los cuentos zen son auténtica sabiduría.<br />
Me ha gustado mucho éste: De alguna manera recoge la idea de Sun Tzu, el autor del Arte de la Guerra: &#8220;El vencedor antes de la batalla ha ganado&#8221;. La predisposición con la que vamos determina en parte el resultado final.<br />
Lo que también me resulta interesante es que a veces necesitemos ayuda divina/destino o lo que sea para sentirnos más seguros. Creo que el mundo de las religiones o el estorismo dan ese soporte. Lástima que ese soporte no sea en uno mismo.</p>
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